Trump pierde, ¿Huawei gana? Qué ocurrirá ahora con el despliegue mundial del 5G

Cuando Donald Trump llegó a la Casa Blanca en 2016, una de las mayores incógnitas era si abandonaría el despacho oval cuatro años más tarde con una contienda militar a sus espaldas. La guerra real, física, con cazas, bombas y soldados, afortunadamente no se ha producido, pero eso no significa que haya sembrado un camino de rosas. Uno de los asuntos que más atención han generado es cómo gestionará Joe Biden esa enrevesada madeja geopolítica y tecnológica en que se ha convertido el despliegue del 5G, un avance que se antoja esencial en la próxima década, tiempo en el que podría convertirse en un negocio directo de ocho billones de dólares.

Esa ha sido la gran guerra del trumpismo. Al menos, la más mediática. Un conflicto global durante el cual la mayor parte del fuego se ha concentrado principalmente en un blanco como Huawei, convertido en el gran protagonista de esta pugna. A la multinacional se le acusa de ser un enorme caballo de Troya de Pekín y, por tanto, un peligro para la seguridad y los intereses nacionales de EEUU y prácticamente de cualquier país donde llegue a operar. Eso sí, estas diatribas nunca han sido acompañadas de evidencias o pruebas públicas, por lo que para el común de los mortales lo de creer eso de las puertas traseras de China en sus redes no es a día de hoy más que un acto de fe.

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La munición que se ha utilizado en este caso ha sido una larga batería de sanciones que tenía como objeto limitar la influencia de la industria china. A las empresas de la lista negra se les prohíbe, salvo contadas excepciones, acceder a equipos fabricados en suelo estadounidense o con tecnología desarrollada allí, así como trabajar con sus empresas nacionales.

Ahora, muchos se preguntan cómo actuará Biden, si seguirá manteniendo el perfil duro de su predecesor y dará continuidad a las presiones sobre sus socios para que también veten la factoría asiática. La pregunta de fondo es qué efectos conllevará toda esta campaña en el despliegue de esta tecnología, cuyo ‘encendido’ estaba previsto para 2020. Esto se ha logrado, aunque en menor proporción de lo esperado, ya que la pandemia en países como España ha supuesto retrasos en la subasta de algunas frecuencias imprescindibles para poder aprovechar al máximo el potencial del 5G. ¿Levantará Biden finalmentel el pedal del acelerador? ¿Seguirá todo igual? En caso afirmativo, ¿qué efectos tendrá en el desarrollo mundial del 5G?

Bienvenidos a ThinkTek

Estás leyendo ThinkTek, nuestra serie de artículos de análisis sobre los grandes temas tecnológicos del momento. En esta segunda serie, desciframos las claves sobre el despliegue mundial del 5G y la guerra contra Huawei ahora que su principal impulsor, Donald Trump, está a punto de abandonar la Casa Blanca. ¿Cómo afectará este cambio al despliegue mundial del 5G? ¿Y a España? ¿Qué va a suponer para las operadoras en nuestro país? ¿Es el 5G el negocio revolucionario y millonario que nos están vendiendo o solo una vuelta de marketing más? Y, sobre todo, ¿quién se va a beneficiar de verdad? 

En las próximas semanas intentaremos responder a estas y muchas preguntas más. Si aún no has leído la primera serie de ThinkTek, sobre la guerra contra Google, Amazon, Facebook y Apple, los todopoderosos GAFA, no te la pierdas. Puedes leer aquí la parte I, parte II y parte III.

El 5G resiste, los dispositivos sufren

Los efectos del veto a Huawei que llevó a cabo Trump durante su administración no tardaron en dejarse notar. El más sonado fue la decisión de Google de cortar las relaciones con una compañía que cuando estalló el conflicto, allá por 2019, aspiraba a convertirse y consolidarse como el mayor vendedor de ‘smartphones’ del mundo. Esto hizo que los aparatos de Huawei se quedasen sin los llamados ‘mobile services’ y las ‘apps’ del buscador, un ingrediente fundamental en Android. Algo que fue un gancho de derechas directo al mentón de su división de Consumo, la que se dedica a crear dispositivos electrónicos como móviles, ordenadores o auriculares.

Aunque aguantaron el tirón inicial, las ventas en países como España se han resentido. Según Canalys, que mide los envíos de teléfonos a los diferentes distribuidores, en el tercer trimestre de 2020, los encargos cayeron un 23% a nivel global. Una cifra muy similar a la que ofrece la consultora Counterpoint Research, que arroja un retroceso del 24%. A pesar de todo, la compañía mantiene el tipo por el buen desempeño en su mercado natal y se mantiene en el segundo lugar del ‘ranking’. No hay que olvidar que prácticamente la totalidad de servicios de Google y ‘apps’ como WhatsApp están vetados en ese país.

La compañía, entre otras medidas, ha puesto en marcha el desarrollo de Harmony OS, su propio sistema operativo, para paliar los problemas a los que se enfrenta con Android. Pero no es el único contratiempo que experimenta. Ha tenido que dejar de crear sus propios procesadores (era la única que lo hacía, junto a Samsung y Apple) y ha conseguido ‘in extremis’ que Qualcomm pueda venderle chips gracias a una licencia temporal, siempre que no sean compatibles con tecnología 5G.

El veto se deja notar mucho en el negocio de móviles de Huawei, el que más ingresos producía

Pero esto no es más que un apósito para detener la hemorragia. La situación tampoco puede eternizarse. La última señal de alerta son las informaciones de que Huawei valora vender Honor, su marca blanca de electrónica de consumo, al gobierno de Shenzen y Digital China. Un ‘pseudo rescate’ que, según la agencia Reuters, rondaría los 13.000 millones de euros y no tendría otro objetivo que obtener un balón de oxígeno en forma de flujo de caja.

Estas estrecheces derivadas del veto no se han dejado notar de forma tan drástica aún en su negocio de redes, mercado que Huawei sigue liderando a nivel global. Desde la compañía, explican que de las 97 redes comerciales 5G que se han desplegado en todo el mundo, 60 se sostienen sobre su tecnología. Si se echa un vistazo a Europa, según estas cifras, aseguran que han participado en el ‘montaje’ de 31 de las 42 que actualmente ya están funcionando.

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Foto: Reuters.

Estos guarismos se destilan en un dominio del mercado aproximadamente de un tercio —según los datos de Dell´Oro, la fuente de referencia—, aunque el porcentaje final varía dependiendo de los valores en los que se fije dentro de las estadísticas, ya que es un negocio con muchas aristas. Sea como sea, el podio lo completan Ericsson y Nokia. Estas dos empresas nórdicas han sido las grandes beneficiadas de todo este conflicto, ya que han rebañado un gran número de licitaciones fuera de China en este tiempo.

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Mientras tanto, en Shenzen, miran directamente a Washington sin tener muy claro qué puede ocurrir. “Esto no va de que cambia el presidente y cambia absolutamente todo lo que hizo el anterior. Hay que entender bien que el presidente está muy tutelado por el Congreso, en unos casos por la Cámara de Representantes y en otros por el Senado. Y eso aún no está claro si seguirá en manos de los republicanos”, aclara Daniel Martín Menjón, historiador especializado en materia militar y experto en conflictos contemporáneos. “El ‘America First’ ha calado hondo, eso reduce el margen de giros drásticos”.

Recuerda que, aunque Trump ha sido el que ha ejecutado medidas más duras, fue la Administración de Barack Obama, “que tuvo a Biden como vicepresidente”, quien abrió la caja de los truenos. El demócrata se ha mostrado partidario de las sanciones contra China durante la campaña, aunque no ha hecho apenas referencias explícitas a Huawei. “Solo Dios sabe lo que están haciendo con la información que están obteniendo aquí”; declaró al Times en una entrevista como candidato. “Entonces lo investigaré y llegaré al fondo del asunto”.

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Joe Biden. (Reuters)

El académico aclara que este conflicto tiene muchas derivadas en planos como el demográfico, control de materias primas, el energético o el financiero, pero pone el acento en uno en especial: la soberanía de la información y control de los datos. “Hasta principios de los noventa, EEUU y Reino Unido tenían el control prácticamente del 80% de los datos que se generaban. Y eso ha cambiado. Primero con las redes 3G y 4G y ahora con el 5G se va a agudizar. China se ha estado posicionando muy bien en este sentido y Huawei ha jugado un papel clave. Lo que ha hecho Trump no es otra cosa que defender una posición de poder que tradicionalmente tuvo en un asunto clave para el futuro y que ahora está en peligro”.

El tablero de juego se desplazó hace varios meses a Europa. Ahí es donde parece estar la clave para que la balanza se decante en un sentido u otro. “La UE tiene en su mano la capacidad de que EEUU recorte terreno y diferencias o de apuntalar el dominio de China“, añade Martín Menjón.

Prácticamente desde que el veto entró en vigor, Trump activó la faceta más salvaje de su diplomacia, “una engrasada máquina de presión”, para convencer incluso con coacciones a países de todo el globo para que le apoyasen. Australia, Nueva Zelanda, Japón, Canadá, Reino Unido y, más recientemente, países como Suecia o Noruega le han seguido, vetando la participación de Huawei y ZTE en el desarrollo del 5G en sus mercados. Sin embargo, el grueso de socios comunitarios ha optado por situarse de perfil o soluciones mixtas, dictando que estas empresas no podrían actuar en el ‘core’, el núcleo de su red de comunicaciones.

La cueva y el bosque del 5G

Si una red de comunicaciones fuese un enorme bosque circular, el ‘core’ sería una cueva en el centro. Ahí es donde se realiza toda la parte critica del proceso y las operaciones más sensibles. En la linde estarían los móviles, portátiles, ‘routers’ y otros equipos de los usuarios, es decir la otra punta de la cadena de transmisión. En el medio estaría una zona frondosa conocida como la ‘RAN’ (‘Radio Access Network’) que sería toda esa periferia compuesta por las antenas y estaciones base, encargadas de conectar los dos extremos, trasladando una señal que en todo momento está encriptada. Cabe decir que Huawei es prácticamente la única empresa en el mundo que tiene productos y equipos en toda la cadena.

Lo que han hecho en países como Francia (y en primer término Reino Unido) fue dictar que Huawei tenía que abandonar el ‘core’ pero podía moverse libremente por el resto del bosque, siempre bajo un escrutinio fuerte de los legisladores. “Es algo que les permite seguir accediendo a un importante volumen del negocio con antenas y estaciones base”, afirman fuentes del sector.

Desde París justificaron que esta decisión se tomaba para proteger “la soberanía nacional”. Estas restricciones no eran aplicadas a otros como Ericsson y Nokia, principales alternativas en la materia. “El riesgo no es igual con fabricantes europeos que no europeos“, decía el equipo de Macron, que movió ficha poco después de que EEUU avisase de que no compartiría información sensible con países que no extirpasen los equipos de la compañía china de su infraestructura.

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Foto: Reuters.

Si se prohíbe a Huawei actuar en el ‘core’, ¿por qué esta solución no convence a EEUU, Australia o Japón? El 5G conlleva una virtualización de procesos que antes se realizaban en el núcleo de la red. Ahora, algunos de estos procesos se han llevado a las estaciones base con el fin de reducir el tiempo de respuesta y mejorar la latencia (el tiempo en el que se envía una señal, se tarda en procesar y se recibe), una de las grandes mejoras que promete esta tecnología.

Lo que se argumenta desde este bando es que, ‘grosso modo’, esta virtualización hace que el ‘core’ no sea tan estanco. Según su versión, al actuar en la RAN, Huawei y otras empresas como ZTE no necesitarían hacer grandes piruetas para acceder a la información, ya que esa gruta en el centro del bosque sería más bien un claro que se podría divisar entre los árboles. La postura se sostiene en que la ley de seguridad china obliga a estas compañías a proveer información y datos de cualquier tipo. Cabe puntualizar que, a día de hoy, no ha habido ninguna investigación y ni estudio que haya refrendado con pruebas que estos agujeros existan. Es más, en este tiempo, Huawei ha ido obteniendo certificados de seguridad del CNI, en el caso de España, y otros emitidos por organizaciones relevantes como la GSMA.

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La pelota para las operadoras

Pero que un Gobierno opte por mantener un perfil neutral y no cerrar las puertas a Huawei no significa una victoria para los chinos. No lo es porque, en último término, son las operadoras las que tienen la opción de desenchufar los equipos de la multinacional asiática y sustituirlos por otros, un proceso que en el gremio se conoce como ‘swap’. Esto ha llevado a las ‘telecos’ de medio mundo a ser fuerte objeto de presión, algo que ha conseguido dar frutos en muchos casos.

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Foto: EFE.

Un buen ejemplo es el de Telefónica. En un principio, confió a Huawei la construcción de su red 5G. Sin embargo, esto cambió cuando José María Álvarez-Pallete, mandamás de la cotizada española, viajó a EEUU. Semanas después de este desplazamiento, se anunció que deshacía esta decisión y se daba marcha atrás, dando entrada a otros proveedores como Nokia o Ericsson. Telefónica tomó una decisión similar en su filial alemana.

La decisión de Pallete incluso se llevó un reconocimiento público por parte del secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, que le mencionó expresamente en un comunicado oficial después del anuncio de la teleco española de que sería una empresa ‘5G Clean Path’ en todos sus mercados y que no iban a utilizar “equipos de ningún proveedor no confiable”.

La declaración de Pompeo pone de manifiesto el papel de las operadoras de todo el mundo en esta guerra, que no se suscribe a la geopolítica y la diplomacia. En países como España o Italia, donde los gobiernos se han mantenido en la inacción en este asunto, han sido las compañías privadas las que han decidido bando respondiendo a intereses propios, en muchos casos, como reducir la dependencia de estos proveedores y estar menos expuestos si se recrudece el conflicto.

En el caso del ejecutivo español no parecen dispuestos a realizar cambios normativos en el corto plazo. En la cumbre hispano-lusa, celebrada a principios de octubre, el presidente aseguró en su comparecencia de que antes de que acabase el año tres cuartas partes del territorio tendrían esta conexión y aseguró que se estaba recurriendo a varias empresas, entre ellas Huawei, a la que mencionó expresamente.

La española no fue la única en tomar este camino. La operadora británica Vodafone fue la primera en anunciar planes en firme: prescindiría de la china para la parte central de su red en Europa pero le dejaría actuar en la parte de transmisión. Algo que costaría, según sus estimaciones, 400 millones de euros y cinco años de retraso. Consciente de la presión y la inquietud que genera en este gremio esta situación, EEUU también redobló la presión sobre estas empresas.

El último capítulo fue la gira de Keith Krach, subsecretario del Departamento de Estado, que el pasado mes de septiembre mantuvo una serie de encuentros con políticos y directivos de empresas españoles. No ha trascendido ningún nombre en concreto más que el de Meinrad Spenger, CEO de MásMóvil, que colgó en su Twitter una foto de la cita. Krach dijo que España “va en el buen camino”, en una clara alusión a sus esperanzas de que se optase por un veto por parte de Madrid, haciendo caso, según sus palabras, a las recomendaciones no vinculantes de la UE y a la ‘caja de herramientas’ de seguridad 5G, un mecanismo habilitado por la Comisión con los criterios para evitar proveedores de alto riesgo. La historia es que Bruselas no mencionaba a Huawei pero nuevamente se le señaló tácitamente como el elefante en la habitación.

No es una operación fácil

Extirpar los equipos de esta compañía no es algo fácil. ¿Por qué? Porque ha echado raíces en las redes de todo el mundo. Hasta el Departamento de Comercio de EEUU ha emitido licencias temporales para que el gigante chino pudiese seguir dando servicio a amplias zonas rurales de EEUU, donde su tecnología es básica para mantener las conexiones a internet. Una prueba de que es algo estructural y un cambio de calado.

Un informe publicado en 2019 por Strand Consult daba bastantes pistas sobre el tamaño que Huawei y ZTE tenían en el Viejo Continente. El primero suministró, según este documento, el 45% de los equipos 4G RAN en Europa. El segundo, el 7%. En sitios como Austria, la práctica totalidad de estos equipos fueron de estos proveedores. Estas cifras son a las que se agarran los partidarios de no regular o hacerlo mínimamente, defendiendo que el cambio conllevaría miles de millones y notables retrasos por lo que exigen ayudas y mecanismos para paliar estas pérdidas. Otros, sin embargo, ven en la transición a la nueva generación de internet la oportunidad de estar menos expuestos a este conflicto. El 5G que actualmente estamos mayormente es ‘non stand alone’. Eso significa que utiliza parte de las redes actuales. Las redes ‘stand alone’ o autónomas necesitan una infraestructura ‘ad hoc’. Aquí es muchos ven la ventana para ir ejecutando el reemplazo paulatinamente.

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¿Por qué ha alcanzado esa importancia? Hay que entender cómo se articula el mercado de las telecomunicaciones en Europa. “Mientras que en EEUU y China todo se reparte entre apenas tres o cuatro jugadores, aquí tenemos cientos”, explican esas mismas fuentes. Algo que obligan a “las empresas a mantener un escenario ultracompetitivo” para lo que hay que medir mucho las inversiones.

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En este escenario hizo su aparición Huawei, que tiró los precios y optó por una política comercial muy agresiva, algo que les valió investigaciones, entre otras, por parte de la UE a principios de esta década, algo por lo que escrutó a ZTE también. La historia se solucionó con un apercibimiento. “Podemos hablar de que si viene ‘dopada’ o no por ayudas del Ejecutivo chino que en Europa serían imposibles. Podríamos discutir de eso o de la propiedad intelectual, pero la realidad, indiferentemente de los detalles, es que durante mucho tiempo han ofrecido una propuesta de valor de manera más económica y eso ha sido clave para que se hiciese tan fuerte”.

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Foto: Reuters.

Hay quien cifró en dos años la ventaja técnica que llevaba Huawei sobre sus rivales más directos, Ericsson y Nokia. Desde la compañía china siempre han defendido que esto ha sido producto de una gran reinversión de beneficios. Afirman que han dedicado 4.000 millones de dólares al desarrollo del 5G, que dedican el 15% de sus ingresos a sus programas de I+D y que cuentan con cerca del 20% de todas las patentes mundiales. “Es un buen ejemplo del cambio de filosofía China que se produjo hace unas décadas”, explica Alejandro Molins, experto en comercio internacional y gran pionero español en el mercado chino. “Tenían dos maneras de influir en la escena internacional. Por una parte, el poder militar, y por otra parte, el tecnológico. Han apostado por ambos, pero especialmente por lo tecnológico. Y las patentes son una buena manera, a su entender, de apuntalar ese peso en toda la industria digital”, agrega.

A la hora de valorar la cifra hay que tener en cuenta que la empresa de Shenzen tiene un abanico de soluciones que abarcan toda la cadena mientras que sus rivales están centrados en las redes y no en la electrónica de consumo. Las fuentes del sector dicen que esta supuesta brecha tecnológica entre unos proveedores y otros “se ha reducido en los últimos años”. “Es cierto que en algunos aspectos concretos llevan la ventaja, pero globalmente la foto está más ajustada“. En lo que coinciden todos es que “el 5G va a llegar a tiempo” y eso “es innegociable” ocurra lo que ocurra.

Alemania puede ser la clave para lo que acabe sucediendo en la UE. Angela Merkel hasta el momento ha preferido mantener un perfil bajo en este conflicto. “No hay que olvidar la importancia que tienen sus relaciones tanto con EEUU como las exportaciones a China”, apunta Molins.

No es el único obstáculo. El Ejecutivo teutón tiene una importante participación en la mayor operadora del país y de Europa, Deustche Telekom, que maneja un valor de 72.000 millones y que cuenta con una gran dependencia de equipos de Huawei. Volker Petendorf, portavoz de la compañía, ya deslizó que tener que prescindir de Huawei supondría un encarecimiento de las antenas con las que se remplazarían . En el gobierno de Merkel hay dos almas. Por un lado, está la postura del Ministerio del Interior, más favorable a un mayor escrutinio aduciendo eventuales riesgos de seguridad futuros; y por otro, el Ministerio de Exteriores y el de Economía, que temen daños diplomáticos y financieros si se pasan de frenada. Aunque el texto está aún cocinándose, varios medios abren ya la puerta a que la cancilleria optará por la vía francesa. “Su decisión podría incluso afectar a la postura de Reino Unido, ahora que ha perdido a Trump, su principal apoyo, y necesita acercarse a Europa”, apunta a este respecto Martín Menjón.

La vía ‘open RAN’

Después de Huawei, los otros dos proveedores más preparados son Ericsson y Nokia. El 5G europeo está mejor preparado que el americano”; añade Molins. “EEUU tiene Google, Amazon, Microsoft, Apple. China, a Huawei, Xiaomi, Alibaba. Eso en el ámbito privado, que en lo público o militar tenemos más ejemplos como el del GPS. Europa perdió ese tren. Ahora tiene una oportunidad para reposicionarse”, explica Molins.

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Angela Merkel. (Reuters)

¿Quién es el mejor posicionado? Nadie se pone de acuerdo. Unos destacan la solidez financiera de Ericsson y otros la variedad de soluciones de Nokia. Aunque es un cambio notable, expulsar a Huawei y ensalzar a dos empresas europeas no solventaría tampoco un problema que presenta esta industria: piezas clave como el RAN están en pocas manos, manejan estándares cerrados que no pueden trabajar entre sí. Ocurre con el 5G, pero antes ocurrió con el 4G, el 3G o el 2G. Y aunque han surgido empresas, no han conseguido la suficiente tracción para evitar que esto sea cosa de tres. Algunos analistas señalan a Samsung, aunque su oferta y penetración aún es menor.

Echar a Huawei no soluciona el problema real: las partes clave de las redes están en muy pocas manos que manejan tecnologías cerradas

EEUU, que perdió posiciones en esta carrera tras la caída de Motorola, ha estado tratando de que empresas patrias tomasen, mediante compras empresariales e inversiones, control en Nokia o Ericsson. Algo que no han conseguido por el momento. Esta situación ha propiciado que desde Washington se apoye la tercera ‘vía’, conocida como ‘open RAN’, que cuenta con el apoyo también de firmas como Telefónica o Vodafone.

Lo de estándares cerrados no hace gracia a muchos, especialmente a los operadores, que se han visto cómo su negocio depende unos pocos proveedores y esa falta de control puede costarles miles de millones de dólares. Lo que se pretende con ‘open RAN’ (y los grupos que orbitan a su alrededor) es desarrollar e impulsar redes abiertas, desarrollados con componentes no exclusivos y ‘software’ abierto. Los detractores, sin embargo, recelan de la seguridad del mismo. “Muchos han depositado su confianza en que esto puede servir para cortar las alas a Huawei e impedir que en el futuro ocurran cosas similares”.

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